I
Te miré a lo lejos…. Supe que eras mía,
Te acercaste un poco más… vi tus ojos por primera vez,
Al observarlos, tu alma estaba en llamas,
Los miré con mayor detenimiento… y no eras dueña de tu vida.
Fue tu corazón peor que hielo
aún con fuego de espíritu;
y sin embargo tan hermoso.
Me he cubierto de moho, mis movimientos se ralentizan, el cerebro que prodigio fue, tejido inservible en rápida involución se ha vuelto, no abunda el razonamiento y el objetivismo es tan certero que desgarra. Al arrastrarme saboreo la tierra, y me convierto en parte del musgo que me envuelve. Cual serpiente cubierta de fango me deslizo en un zigzag espléndido, sacando la lengua y saboreando los excrementos que me ofrece el camino, mas así como de irónico es el desdén, la dicha sigue sin abandonarme.
II
Oscurece alegre mi hedonía,
Lívida su gris aurora se mira,
Y lanza un grito de agonía
Y una carcajada envuelta en ira.
Y ese placer que tanto hastía,
Que al mirarte me consume,
me hace odiarte con pasión.
Se yergue altiva la serpiente: Ahh. Y andando de forma humana, con su nueva piel y pensamiento, su sexo también erguido, va mordiendo su lengua, sangrando en constancia por cada pensamiento q no se atreve a culminar, por cada palabra clara que la social balumba puede convertir en un doble sentido, ¡que gran miedo lo dominó al principio!, y que frío e indiferente se volvió cuando comenzó a morderse la lengua.
Te miré a lo lejos…. Supe que eras mía,
Te acercaste un poco más… vi tus ojos por primera vez,
Al observarlos, tu alma estaba en llamas,
Los miré con mayor detenimiento… y no eras dueña de tu vida.
Fue tu corazón peor que hielo
aún con fuego de espíritu;
y sin embargo tan hermoso.
Me he cubierto de moho, mis movimientos se ralentizan, el cerebro que prodigio fue, tejido inservible en rápida involución se ha vuelto, no abunda el razonamiento y el objetivismo es tan certero que desgarra. Al arrastrarme saboreo la tierra, y me convierto en parte del musgo que me envuelve. Cual serpiente cubierta de fango me deslizo en un zigzag espléndido, sacando la lengua y saboreando los excrementos que me ofrece el camino, mas así como de irónico es el desdén, la dicha sigue sin abandonarme.
II
Oscurece alegre mi hedonía,
Lívida su gris aurora se mira,
Y lanza un grito de agonía
Y una carcajada envuelta en ira.
Y ese placer que tanto hastía,
Que al mirarte me consume,
me hace odiarte con pasión.
Se yergue altiva la serpiente: Ahh. Y andando de forma humana, con su nueva piel y pensamiento, su sexo también erguido, va mordiendo su lengua, sangrando en constancia por cada pensamiento q no se atreve a culminar, por cada palabra clara que la social balumba puede convertir en un doble sentido, ¡que gran miedo lo dominó al principio!, y que frío e indiferente se volvió cuando comenzó a morderse la lengua.
Así comencé a ser yo, a ser mi propio reptil, luego, mi propio anfibio, a arrastrarme y nadar sin diferencia alguna, a alimentarme de cualquiera que pudiera ser mi presa, y defenderme de cualquiera que pudiera ser mi raptor, y fue bueno mientras mis ojos permanecieron cerrados, y me vanaglorié de haber ensalzado mis sentidos por ser ciego, hasta que en mi oscuro ego, una gota de sangre despego mis parpados.
III.
Y entre ese odio tan perfecto en que vivimos,
Con el alma en realidad hecha pedazos,
Así es que por completo nos rendimos,
Es así como aceptamos los fracasos.
Y ya en distancia, te convoco,
Y a mi llamado acudes vacilante,
Solo para matar un poco de este ego.
Mis pestañas son pequeñas, mis lagañas están secas, mis ojeras casi fusionadas con mis parpados, pero he crecido, soy fuerte, me arrancaré esos pedazos de piel y encontraré la forma de que nada lastime mi vista.
Una luz tenue, que me alumbra sin cegar, que podía ver con los ojos cerrados y no quise afrontar por temor a mezclarme con ella, pero no soy tan grande, o la luz no es tan pequeña, ni tan flagrante, ni tan voluble como para ser una con la sombra.
Algo interesante esta por pasarme, lo siento… quizá me vuelva común, quizá en este escrito no habrá sangre, o tal vez, solo tal vez; no será roja.
IV
Lágrimas que ya no existen derramamos
De una fuente agotada de pesar,
Es vano esfuerzo, y no importa si buscamos,
Todo esta seco, no hay más donde buscar.
En cuanto al alma que se expresa sin pasión,
Te envió mi hastío, y cuando lo recibas
Guárdalo en tu pecho y siéntete morir.
Solo hace unos años, cuando la inspiración nacía sin forzarse, el pesar lucía esplendido y su candor era un estimulo vital para esta existencia, de tal manera que aún huyendo de él éramos uno mismo. Su naturaleza estaba hecha justa a mi imaginación, y mi alma era tan grande que manejaba el pesar a conveniencia, solo para conseguir algunas bellas líneas, sin ser manipulada ni presa de pánico mortal. En aquel entonces los sentidos parecían estar en su mayor agudeza, tanto que hasta podían comprender el sentir de las cosas inanimadas, por lo cual cada estímulo aún inútil parecía sutil, el resplandor de la luna era perdición, una escalofriante manera de levitar y acercarse al universo que huye de la oscuridad, ese agujereado satélite fue bello, pero infiel.
La concentración y la voluntad fueron enormes, todo se superaba sin una sola lágrima, y sin embargo cada lágrima fue usada, hasta formar un vacío, no más agua, no más llanto, por años.
V
Hermosa y efímera fue la instancia
Y el latir insano de un enfermo corazón,
Dominó la costumbre y la inconstancia,
Venció el romanticismo, matando la razón.
Y ya muerto el raciocinio
Vencedor el orgullo fue,
Y el orgullo carcomió el romanticismo.
Murió también para mí la luna, la concentración y la voluntad, y el orgullo que dormido estaba, hambriento, sarcástico y vigoroso despertó.
Solo una escena viene a mí en este instante, una mujer gritando que adora la vida mientras corta sus venas, un hombre llorando sin una sola lágrima, todo mientras hacen el amor, y él desea morir con ella, y ella llorar para brindarle un poco de humedad. Un montón de lluvia entonces cae sobre ellos, al principio es plácida sensación, mas después de horas sin que la lluvia cesara, ellos permanecían inmóviles en su emoción, y el poder del agua perforó sus cuerpos; la mujer entonces dejó de cortar sus venas, el hombre pudo llorar por si mismo…
Todo forma parte de una evolución, de un eterno aprendizaje, un constante renovar que recuerda lo dichoso que me hace el existir solo en una vida, solo la víspera de mi muerte en cada respiración.
VI
Al borde del desdén me balanceo
Y tú al borde del odio te deslizas,
Y en tu sueño ardiente tu deseo
Realidad es: tu vida se hace trizas.
Y muerta tú, marchitó el alcatraz
Que en tu pecho con pasión guardabas,
No más verdaderos sentimientos.
Y vivo y ardiente el orgullo, presa de su ambición mi corazón se volvió, quiso comerlo, lo colocó en sus fauces, arrancando emocionado cada deliciosa cavidad, saciándose extasiado con litros de sangre que mi cuerpo recorrían una y otra vez; mas no conforme con las materiales y superficiales vísceras, buscó, hurgó, encontró un tesoro enorme, flagrante, un alma en perfecta evolución, en vías de aprendizaje, tan corrompida como pura, con tanta esperanza como indiferencia, era perfecta, exquisita, para ser sincero, una tentación imposible de resistir, y como el orgullo ya era parte de mí, también yo pude saborearla, y de placer fue su sabor, y solo por un segundo, me sentí pequeño, ansioso de nuevas experiencias, con una pureza demoniaca, estaba listo para vivir.
VII
Muerto mi espíritu también luego
Gané la vida eterna,
Y no conforme con tenerla
Fui a vivirla junto al fuego.
En lóbrega y sensata soledad
No pude contar conmigo,
Me perdí, y al perderme te miré.
Insisto, tan bella fue mi experiencia cuando devoré aquel alma, que quisiera explicarme un poco más:
Lo primero que sentí antes siquiera de mirarla fue la unión del orgullo con mi cuerpo, algo así como electricidad me lleno por completo, y sentí náuseas, terribles náuseas, pero no pude vomitar, mi garganta sufrió un espasmo y el aire me abandonó durante unos segundos, que parecieron minutos de ansiedad. Después, al recuperar mi respiración, no era más un humano, ni siquiera un animal, me convertí en un tipo de masa semilíquida gris, peluda, sin ojos ni alguna otra característica externa, solo un hocico enorme en mi porción más caudal, con sabor a hierro, a bilis y a desechos que es vano tratar de describir, pero que era de gusto hastiante. Enorme era la desesperación de ese sabor sin lograr vomitar, y más a ciegas. Sin embargo, provisto de un primitivo cerebro, imágenes mal definidas y brillantes llegaban a mí, enviadas por una conexión directa que tenía con ese orgullo, con el que pronto me fusionaría para formar una criatura aún mas repugnante.
Una imagen más brillosa que las anteriores comenzó a crecer, más y más, hasta que me envolvió por completo, y mi hocico percibió un sabor perfecto, no era dulce, amargo o ácido, cada porción de mi lengua se volvió dorada, y luego trasparente, mi cerebro creció enormemente y en poco tiempo recupero su tamaño, si hubiera tenido ojos, estoy seguro que hubiera llorado; pero como se llora cuando una sensación de dicha colma el corazón… y aún con mi asquerosa forma, me sentí hermoso.
VIII
¿Hoy quien soy? Lo ignoras,
Si yo existo lo olvidaste,
Soy el mismo, tu eres otra,
En reptil te transformaste.
Con tu enorme lengua lames
Estos restos que olvidaste,
Hasta que harta, los desechas.
Soy como tú.
Me liberé al fin de ese orgullo sádico, y mi piel gelatinosa se cubrió de escamas, y mi lengua se alargó y se bifurcó mientras mi cuerpo tomó forma de serpiente, brotaron mis ojos y mis parpados simbolizaron traición. Mi primera reacción -mi primer instinto mejor dicho-, fue el de morderme a mi mismo, de envenenarme y terminar conmigo sin demora, pero fui torpe, solo gire sobre mi eje, sin alcanzar en absoluto alguna parte de mi cuerpo, después aprendí a hacerlo, pero perdí la ilusión de asesinarme.
Me arrastré, miré a lo lejos un río contaminado, me pareció una tumba agradable. Estando a un costado de ese enorme charco, trepé un árbol y sin emitir un solo grito, caí como lanzado por un arco a ese río, pero estando dentro, me di cuenta que podía respirar, fue una gran desilusión.
Comencé a nadar, me llené de moho al arrastre por las piedras viscosas, no se cuantos días estuve allí, solo sacando ocasionalmente la cabeza para mirar el cielo con claridad. Cuando en una ocasión me dispuse a salir, un caimán se acerco a mí, no se si lucí apetitoso o si el pobre tenía días sin comer, pero clavo sus dientes sobre mi cuerpo; yo, siendo casi de su tamaño, comencé a rodearlo, al pasar una parte de mi cuerpo sobre su cuello y poner mis colmillo al borde del mismo, miré sus ojos… te reconocí de inmediato… eras tú, quien inspiro mi poema, quien me entretuvo durante noches enteras escribiendo esto, convertida en un horrible animal, alimentándote de mi ser, saciando tu hambre con mi cuerpo, con mi sangre. Mi piel se descamo lentamente, mi sangre era negra, mi hocico escupió pus, mis colmillos aún no se clavaban en tu cuello, no podía, no quería.
Perdí el movimiento casi por completo, mi cabeza cayó, mis ojos se cerraron; me estas asesinando…
IX
Es bien conocido que en los momentos en que la vida corre peligro, siempre llega una segunda fuerza, un “segundo aire” que dura solo unos segundos, quizá menos. Separé mis párpados traicioneros, flexione mi cuello, y sobre el tuyo, dos colmillos se clavaron; no es que hubiera querido morir contigo, sino que aún sin derecho te juzgué, y decidí que merecías morir, y que nadie más que yo merecía matarte.
No viví lo suficiente para ver que tus ojos se cerraran, o que tu asqueroso aliento se terminara, y se que así fue mejor, porque en ocasiones mi amor y compasión se liberan así mismos desobedeciendo todo cuando emana de mi pensamiento.
Si te hubiera visto fallecer, hubiera despegado mis colmillos desesperadamente de tu cuerpo, y sin piedad, los hubiera clavado en mí.

