martes, 2 de marzo de 2010

UN VIEJO MAR (STREAM OF DOOM)

I

Te miré a lo lejos…. Supe que eras mía,
Te acercaste un poco más… vi tus ojos por primera vez,
Al observarlos, tu alma estaba en llamas,
Los miré con mayor detenimiento… y no eras dueña de tu vida.

Fue tu corazón peor que hielo
aún con fuego de espíritu;
y sin embargo tan hermoso.

Me he cubierto de moho, mis movimientos se ralentizan, el cerebro que prodigio fue, tejido inservible en rápida involución se ha vuelto, no abunda el razonamiento y el objetivismo es tan certero que desgarra. Al arrastrarme saboreo la tierra, y me convierto en parte del musgo que me envuelve. Cual serpiente cubierta de fango me deslizo en un zigzag espléndido, sacando la lengua y saboreando los excrementos que me ofrece el camino, mas así como de irónico es el desdén, la dicha sigue sin abandonarme.

II

Oscurece alegre mi hedonía,
Lívida su gris aurora se mira,
Y lanza un grito de agonía
Y una carcajada envuelta en ira.

Y ese placer que tanto hastía,
Que al mirarte me consume,
me hace odiarte con pasión.

Se yergue altiva la serpiente: Ahh. Y andando de forma humana, con su nueva piel y pensamiento, su sexo también erguido, va mordiendo su lengua, sangrando en constancia por cada pensamiento q no se atreve a culminar, por cada palabra clara que la social balumba puede convertir en un doble sentido, ¡que gran miedo lo dominó al principio!, y que frío e indiferente se volvió cuando comenzó a morderse la lengua.

Así comencé a ser yo, a ser mi propio reptil, luego, mi propio anfibio, a arrastrarme y nadar sin diferencia alguna, a alimentarme de cualquiera que pudiera ser mi presa, y defenderme de cualquiera que pudiera ser mi raptor, y fue bueno mientras mis ojos permanecieron cerrados, y me vanaglorié de haber ensalzado mis sentidos por ser ciego, hasta que en mi oscuro ego, una gota de sangre despego mis parpados.

III.

Y entre ese odio tan perfecto en que vivimos,
Con el alma en realidad hecha pedazos,
Así es que por completo nos rendimos,
Es así como aceptamos los fracasos.



Y ya en distancia, te convoco,
Y a mi llamado acudes vacilante,
Solo para matar un poco de este ego.

Mis pestañas son pequeñas, mis lagañas están secas, mis ojeras casi fusionadas con mis parpados, pero he crecido, soy fuerte, me arrancaré esos pedazos de piel y encontraré la forma de que nada lastime mi vista.
Una luz tenue, que me alumbra sin cegar, que podía ver con los ojos cerrados y no quise afrontar por temor a mezclarme con ella, pero no soy tan grande, o la luz no es tan pequeña, ni tan flagrante, ni tan voluble como para ser una con la sombra.
Algo interesante esta por pasarme, lo siento… quizá me vuelva común, quizá en este escrito no habrá sangre, o tal vez, solo tal vez; no será roja.

IV

Lágrimas que ya no existen derramamos
De una fuente agotada de pesar,
Es vano esfuerzo, y no importa si buscamos,
Todo esta seco, no hay más donde buscar.

En cuanto al alma que se expresa sin pasión,
Te envió mi hastío, y cuando lo recibas
Guárdalo en tu pecho y siéntete morir.

Solo hace unos años, cuando la inspiración nacía sin forzarse, el pesar lucía esplendido y su candor era un estimulo vital para esta existencia, de tal manera que aún huyendo de él éramos uno mismo. Su naturaleza estaba hecha justa a mi imaginación, y mi alma era tan grande que manejaba el pesar a conveniencia, solo para conseguir algunas bellas líneas, sin ser manipulada ni presa de pánico mortal. En aquel entonces los sentidos parecían estar en su mayor agudeza, tanto que hasta podían comprender el sentir de las cosas inanimadas, por lo cual cada estímulo aún inútil parecía sutil, el resplandor de la luna era perdición, una escalofriante manera de levitar y acercarse al universo que huye de la oscuridad, ese agujereado satélite fue bello, pero infiel.
La concentración y la voluntad fueron enormes, todo se superaba sin una sola lágrima, y sin embargo cada lágrima fue usada, hasta formar un vacío, no más agua, no más llanto, por años.



V

Hermosa y efímera fue la instancia
Y el latir insano de un enfermo corazón,
Dominó la costumbre y la inconstancia,
Venció el romanticismo, matando la razón.

Y ya muerto el raciocinio
Vencedor el orgullo fue,
Y el orgullo carcomió el romanticismo.

Murió también para mí la luna, la concentración y la voluntad, y el orgullo que dormido estaba, hambriento, sarcástico y vigoroso despertó.
Solo una escena viene a mí en este instante, una mujer gritando que adora la vida mientras corta sus venas, un hombre llorando sin una sola lágrima, todo mientras hacen el amor, y él desea morir con ella, y ella llorar para brindarle un poco de humedad. Un montón de lluvia entonces cae sobre ellos, al principio es plácida sensación, mas después de horas sin que la lluvia cesara, ellos permanecían inmóviles en su emoción, y el poder del agua perforó sus cuerpos; la mujer entonces dejó de cortar sus venas, el hombre pudo llorar por si mismo…
Todo forma parte de una evolución, de un eterno aprendizaje, un constante renovar que recuerda lo dichoso que me hace el existir solo en una vida, solo la víspera de mi muerte en cada respiración.

VI

Al borde del desdén me balanceo
Y tú al borde del odio te deslizas,
Y en tu sueño ardiente tu deseo
Realidad es: tu vida se hace trizas.

Y muerta tú, marchitó el alcatraz
Que en tu pecho con pasión guardabas,
No más verdaderos sentimientos.

Y vivo y ardiente el orgullo, presa de su ambición mi corazón se volvió, quiso comerlo, lo colocó en sus fauces, arrancando emocionado cada deliciosa cavidad, saciándose extasiado con litros de sangre que mi cuerpo recorrían una y otra vez; mas no conforme con las materiales y superficiales vísceras, buscó, hurgó, encontró un tesoro enorme, flagrante, un alma en perfecta evolución, en vías de aprendizaje, tan corrompida como pura, con tanta esperanza como indiferencia, era perfecta, exquisita, para ser sincero, una tentación imposible de resistir, y como el orgullo ya era parte de mí, también yo pude saborearla, y de placer fue su sabor, y solo por un segundo, me sentí pequeño, ansioso de nuevas experiencias, con una pureza demoniaca, estaba listo para vivir.

VII

Muerto mi espíritu también luego
Gané la vida eterna,
Y no conforme con tenerla
Fui a vivirla junto al fuego.

En lóbrega y sensata soledad
No pude contar conmigo,
Me perdí, y al perderme te miré.

Insisto, tan bella fue mi experiencia cuando devoré aquel alma, que quisiera explicarme un poco más:
Lo primero que sentí antes siquiera de mirarla fue la unión del orgullo con mi cuerpo, algo así como electricidad me lleno por completo, y sentí náuseas, terribles náuseas, pero no pude vomitar, mi garganta sufrió un espasmo y el aire me abandonó durante unos segundos, que parecieron minutos de ansiedad. Después, al recuperar mi respiración, no era más un humano, ni siquiera un animal, me convertí en un tipo de masa semilíquida gris, peluda, sin ojos ni alguna otra característica externa, solo un hocico enorme en mi porción más caudal, con sabor a hierro, a bilis y a desechos que es vano tratar de describir, pero que era de gusto hastiante. Enorme era la desesperación de ese sabor sin lograr vomitar, y más a ciegas. Sin embargo, provisto de un primitivo cerebro, imágenes mal definidas y brillantes llegaban a mí, enviadas por una conexión directa que tenía con ese orgullo, con el que pronto me fusionaría para formar una criatura aún mas repugnante.

Una imagen más brillosa que las anteriores comenzó a crecer, más y más, hasta que me envolvió por completo, y mi hocico percibió un sabor perfecto, no era dulce, amargo o ácido, cada porción de mi lengua se volvió dorada, y luego trasparente, mi cerebro creció enormemente y en poco tiempo recupero su tamaño, si hubiera tenido ojos, estoy seguro que hubiera llorado; pero como se llora cuando una sensación de dicha colma el corazón… y aún con mi asquerosa forma, me sentí hermoso.

VIII

¿Hoy quien soy? Lo ignoras,
Si yo existo lo olvidaste,
Soy el mismo, tu eres otra,
En reptil te transformaste.

Con tu enorme lengua lames
Estos restos que olvidaste,
Hasta que harta, los desechas.

Soy como tú.
Me liberé al fin de ese orgullo sádico, y mi piel gelatinosa se cubrió de escamas, y mi lengua se alargó y se bifurcó mientras mi cuerpo tomó forma de serpiente, brotaron mis ojos y mis parpados simbolizaron traición. Mi primera reacción -mi primer instinto mejor dicho-, fue el de morderme a mi mismo, de envenenarme y terminar conmigo sin demora, pero fui torpe, solo gire sobre mi eje, sin alcanzar en absoluto alguna parte de mi cuerpo, después aprendí a hacerlo, pero perdí la ilusión de asesinarme.

Me arrastré, miré a lo lejos un río contaminado, me pareció una tumba agradable. Estando a un costado de ese enorme charco, trepé un árbol y sin emitir un solo grito, caí como lanzado por un arco a ese río, pero estando dentro, me di cuenta que podía respirar, fue una gran desilusión.
Comencé a nadar, me llené de moho al arrastre por las piedras viscosas, no se cuantos días estuve allí, solo sacando ocasionalmente la cabeza para mirar el cielo con claridad. Cuando en una ocasión me dispuse a salir, un caimán se acerco a mí, no se si lucí apetitoso o si el pobre tenía días sin comer, pero clavo sus dientes sobre mi cuerpo; yo, siendo casi de su tamaño, comencé a rodearlo, al pasar una parte de mi cuerpo sobre su cuello y poner mis colmillo al borde del mismo, miré sus ojos… te reconocí de inmediato… eras tú, quien inspiro mi poema, quien me entretuvo durante noches enteras escribiendo esto, convertida en un horrible animal, alimentándote de mi ser, saciando tu hambre con mi cuerpo, con mi sangre. Mi piel se descamo lentamente, mi sangre era negra, mi hocico escupió pus, mis colmillos aún no se clavaban en tu cuello, no podía, no quería.
Perdí el movimiento casi por completo, mi cabeza cayó, mis ojos se cerraron; me estas asesinando…
IX

Es bien conocido que en los momentos en que la vida corre peligro, siempre llega una segunda fuerza, un “segundo aire” que dura solo unos segundos, quizá menos. Separé mis párpados traicioneros, flexione mi cuello, y sobre el tuyo, dos colmillos se clavaron; no es que hubiera querido morir contigo, sino que aún sin derecho te juzgué, y decidí que merecías morir, y que nadie más que yo merecía matarte.
No viví lo suficiente para ver que tus ojos se cerraran, o que tu asqueroso aliento se terminara, y se que así fue mejor, porque en ocasiones mi amor y compasión se liberan así mismos desobedeciendo todo cuando emana de mi pensamiento.
Si te hubiera visto fallecer, hubiera despegado mis colmillos desesperadamente de tu cuerpo, y sin piedad, los hubiera clavado en mí.

Y ASI COMIENZA


Y ASI COMIENZA

I walk alone; Fuck you god!
I walk whit me; Fuck you god!
I run to myself; god I’ll never bless you..... again.

I
Maldigo en pena propia las ocasiones en que adoro la parte más hermosa de mí, esa nefastidad necrotizante para el orbe de humanos insensibles, pobres y descuartizados, esos minusvalidos del espíritu que hacen surgir una interrogante: ¿Cuál será el miembro que me falta?.

Decidí vivir, he decidido conservar mi alma mientras alimento mi superficialidad, aunque aun no encuentro la manera; no sé como podré abarcar todo lo existente sin caer en paradoja, pero se que ese es mi objetivo.
Para logar esta meta, necesitaré mirar a Cristo mientras corta la cabeza de su madre, saber que usa su sabiduría para confundir y provocar la desesperación del
prójimo y, poner sus clavos en la frente de Dios. También necesitaré mirar a Luzbel besar los pies del Papa (que tal vez ya lo haga) y arrodillarse en una iglesia, sobre todo en la suya propia y allí, en su interior, esparcir felicidad y enamorarse de la virgen María, hasta el punto de querer fornicar con ella. Las llamas y círculos del infierno deberán ser campos de regocijo, y el paraíso ser un lugar donde los arcángeles se excitan desmembrando inocentes, y entonces, las más breves sonrisas serán señal de agonía.

Puedo vislumbrar claramente ese paraíso... ESTOY EN ÉL.

Una extraña esencia ejerce presión sobre mi pecho, algo así como una garra invisible y pequeña, que lentamente penetra desde mi boca, tropieza con mi tráquea y sigue bajando, impía me desgarra ambos pulmones, me impide respirar, trato de cerrar la boca, pero no puedo evitar expectorar sangre, de un color mas brillante al normal, haciendo contraste así con el oscuro paisaje, el cual me es difícil de vislumbrar ,pues parece que todo comienza a difuminarse ,y lo último que miro es a cientos de espíritus como yo, que poco a poco caen sobre el fangoso suelo, aparentemente muertos. Casi estoy seguro que me veo como ellos; los ojos en blanco (¿cómo es posible entonces que pueda verlos? solo se que lo hago). Todos gesticulan muecas de increíble dolor, de asfixia, de desesperación... vaya, es un bello sentir, pero ya no puedo soportarlo.

Todo esto puede sonar confuso, contradictorio e incluso estúpido, mas solo las almas de poca experiencia o de realismo estrecho lo verán así. En cambio, incluso las almas de experiencia neutral, podrán entenderlo y , para las almas de gran experiencia, esto es menos que un juego de niños. Por mi parte, soy un alma en transición, imposible de clasificar en algún grupo, excepto el de la incertidumbre. ¿Cómo puedo entonces estar escribiendo esto si soy solo un alma en incertidumbre?... jeje, pues precisamente por eso.......

- ¿Un alma en incertidumbre dices?
- Si, solo eso, y sin voluntad. Débil pero jamás sumiso.
- Iluso, tu alma es tan grande que tu imaginación no puede abarcarla, no importa si eres músico, pintor, escritor o mago; tu imaginación no es suficiente para mirar dentro del espíritu, no del tuyo. Pero talvez en los ajenos.
- ¿A qué te refieres?
- ¿Acaso has olvidado ya todo lo que has tenido que pasar? Las almas grandes no se forjan de la nada, más bien salen de ese excremento que se convierte en oro, cubiertas de un fétido olor y bañadas con desperdicios, listas para quebrar su capullo; para renacer y vivir una vez más, o quizá por la vez primera, según el nivel de amor, odio y claridad que se haya alcanzado.
- ¡Calla! Que no es de mis logros que me vanaglorio, sino por mis fallas que me aborrezco. No consigo el equilibrio, apenas recuerdo como respirar, y cuando trato de tomar un gran suspiro: mi pecho revienta y mi desesperación se vuelve mi existencia.
- En todo un mártir que te has convertido, un pesimista, un irreal y a la vez, un iluso delirando una felicidad que no existe, a menos que no lograrás vivir más que un instante.
- ¿Así que un pesimista, y un mártir, cuánta basura más piensas seguir vomitando? Supongo que la necesaria para hacerme sentir bien, para que mi peste se perfume con olores agraciados y llenos de voluptuosidad y parezcan de la mundana balumba, y tal vez un poco de olor a rosa. Soñador que te has vuelto, prefiero siempre un buen olor a zempoalxóchitl, que me recuerda a los hermosos panteones y su suelo fértil para estos. No, no soy mártir, ni pesimista, pero no quiero esconder mi realidad, no quiero sonreír cuando me siento yerto, no quiero dejar de llorar solo porque no puedo hacerlo, y no quiero emocionarme mientras todo me resulta indiferente. Tratas de decir que soy un alma grande porque he pasado tantas cosas que me han madurado y elevado, bueno, ¡sorpresa!, todos llevamos un niño dentro, y el mío ya se apodero de mí.
- Gran idiota que eres, si un niño se hubiera apoderado de ti, serías grande entre los grandes, tu niño te abriría la mente, te elevaría a un nivel del que ahora estás muy lejos. No es mentira que has progresado, pero sigues siendo un idiota.
- Ya me hartaste.

Vaya pesado ese que trata de convencerme de que estoy vivo, si ni siquiera lo conozco, mmmm, pero me recuerda un poco a mí.

En el lugar do me encuentro, y en derredor, todo es rojo intenso, brillante, abunda el fuego, y es un concierto, una sinfónica que toca gritos, y estruendos, y estertores. Adoro los gemidos, los gruñidos, y mirar aquellos rostros de los mudos que no pueden gritar, pero cuya boca siempre permanece abierta, y sus ojos apretados. Se muy bien que están sufriendo, pero en ocasiones, pareciera que pasan por un orgasmo. Vuelve ese hermoso sentir, le pido al dolor que me abrace, al sufrimiento que me acaricie y a la tortura que rodee mi cuerpo y lo aniquile suave y lentamente. . Quisiera que mi cerebro estuviera por fuera, y tener una lengua larga y gruesa, y poder lamerlo, y…. lo estoy haciendo: Se siente tan bien, tan extraño, jamás había sentido esto. Mis pensamientos se mezclan, mis miles de sensaciones se vuelven una, odio, amor, alegría, tristeza, rencor, placer, frió, calor, todo se mezcla, y, no se porque, pero estoy llorando, mis pómulos se mojan, pero mi lengua sigue jugueteando y pasando por mis circunvoluciones. Pasa el frontal, los parietales, los temporales, acaricia el occipital, lo hace sangrar, toca accidentalmente la calcarína y comienzo a tener alucinaciones; me miro a mi mismo suicidándome, arrancándome los dedos a mordidas, primero los de las manos y al final los de los pies, trago toda la sangre que brota de ellos, puedo incluso morderme el pene y arrancarlo, y luego escupirlo y seguir contorsionado… termina por fin la alucinación, continua mi lengua y pasa por el temporal izquierdo: miles de sonidos me rodean y su estruendo me hace mover como si convulsionara, todo es tan confuso, pero puedo disfrutarlo tanto. Ahora pasa mi lengua entre ambos hemisferios, y como una navaja afilada, atraviesa la hendidura de Bichat y los deja separados, el cuerpo calloso no para de sangrar, y la aventura llega a su fin. Caigo instantáneamente al maldito fango, y pierdo la conciencia.

II
Nada es eterno, mi placer comienza a abandonarme, a ceder. Comienza a dolerme. Me lastima, me hiere. Me siento mal, quiero vomitar, pero quiero vomitar el corazón, lanzarlo lejos pero aún al alcance de mi vista, para poder reír desesperadamente observándolo cambiar de color y volverse necrótico, y después, en vanal tristeza, lanzar un suspiro a su memoria.
En fin, tanta belleza no esta permitida.
De alguna manera, la tristeza no me abandona, de forma dramática voy dejando de sentir alegría por todas estas cosas, y ocasionalmente mi rostro parece trastornarse con una sonrisa, pero mis ojos ya no brillan. Todo continua rojo brillante, mas no yo. Me equivoco, no solo yo pierdo el brillo, también todos los espíritus a lo lejos pierden su color, se vuelven opacos y caen arrodillados, igual yo. Y ahora, estando doblegado, cabizbajo, pierdo toda sensación, no puedo escuchar ni oler nada, sin embargo, puedo conservar la vista, es una situación estremecedora, que me colma en ansias, no puedo siquiera inclinar la cabeza hacia el frente para saber que pasa a mi alrededor. Así pasan talvez 15 minutos, sin que nada suceda, y tras un esporádico pestañeo, observo como mis rodillas y mis muslos comienzan a desvanecerse, se vuelven de color verde esmeralda y se difuminan con el entorno, después todo mi cuerpo se desvanece, y cuando vuelvo en mí, estoy en un lugar lleno de agua, aun hincado, pero con mis sentidos de regreso, solo me es imposible moverme.

Respiro profundamente: un suspiro por mi corazón que aun sigue aquí; al hacerlo me da un olor a sal, un ambiente nostálgico me envuelve, todo esta tranquilo… no me gusta, comienzo a temblar involuntariamente, tengo miedo y, como todo lo que puedo ver son mis muslos cubiertos con agua hasta la mitad, prefiero cerrar los ojos.
En ese mundo negro, mi alma encuentra consuelo, más lágrimas corren por mi mejilla, solo que esta vez se sienten diferentes, están espesas, pegajosas, y con un olor fétido, una cae en mis labios y me sabe a hierro… “sangre vieja, pienso” que más da.
Uno de esos entes que miro todo el tiempo se para a mi lado, no se como, pero ha conseguido librarse de sus ataduras mentales y espirituales. No quiero voltear a mirarlo, siento vergüenza de mi mismo por no haber conseguido liberarme, prefiero continuar con los ojos cerrados.
- Todos están liberados – me dice con hastiante presunción- solo tú permaneces de rodillas y con los ojos cerrados, es porque no quieres y te niegas a mirar tu realidad – el muy idiota, cree que tiene derecho a decirme que hacer-. Deberías de unírtenos, hemos adquirido el perdón, tras todas esas torturas se nos ha dado una oportunidad nueva, no instantáneamente, pero la condena ya no será eterna.
- Cobarde
- Llámanos así si te hace sentir bien, no nos molesta, para nosotros te has quedado aquí por ser un mediocre, por no querer ser feliz – jaja, como si creyera en la felicidad- y conformarte con este martirio.
Hubo un silencio incómodo, solo me dejó una opción… Decidí con toda la fuerza de mi voluntad liberarme de mis ataduras, y tras un gran esfuerzo, por primera vez pude ver el patético rostro de quien me decía esas palabras. En seguida me incorporé, y mirándole a los ojos, le ofrecí mi mano; el la estrecho al instante y mirándome fijamente, se dispuso a sonreír, al ver ese rostro jactancioso sentí asco, comencé a apretar su mano con más y más fuerza, hasta que esa sonrisa se transformo en gesto de incertidumbre y luego de dolor, quiso retirarla pero oprimí con más fuerza, al ver aquella escena me emocioné tanto, que solo me quedo una alternativa: así que le escupí directo a los ojos, me abalancé sobre él y lo tire sobre el agua, golpeando su cabeza contra las piedras del fondo, tome la sangre brotaba y con ella pinte mi nombre sobre su pecho y aprovechando mi desnudez, defequé sobre su abdomen. El aún se movía, pero logré parar sus movimientos dejando su rostro debajo del agua mientras también lo estrangulaba, como si quisiera que mis manos quedarán marcadas eternamente sobre ese cuello.
Mi éxtasis era enorme, me sentía orgulloso de mi mismo por haber aprovechado un momento de confusión y hacer que terminara de ese modo. Apenas había conseguido extinguir su vida, me decepcioné, aún no era suficiente, así que sin dudarlo dos veces tome una piedra para cada mano, y comencé a golpear su rostro hasta que me pareció que ya no era humano, ni animal, ni siquiera como algo que antes hubiera visto. Realice la misma acción con cada miembro de su cuerpo, hasta que termine por vomitar, pero sin dejar de sonreír.
Cuando hube terminado completamente desecho, pero no tanto como aquel que estaba a mi lado, decidí observar a mi alrededor, y pude ver que todas las miradas estaban sobre mí, pero ninguna de aquellas almas “libres” se atrevió a hacer algo. Lleno de irá ante la falta de acción, corrí hacia donde se encontraban, y cuando tuve al más cercano frente a mí, lance una mordida sobre su mejilla, mas cuando cerré las fauces, él ya no estaba allí, ni yo tampoco.
De pronto, algo se metió por mi garganta y sentí esa opresión de nuevo, la misma desesperación y falta de aire, volví a expectorar ese líquido brillante, todo era como al principio, tan bello como solía ser. Caí al fango y tragué mi sangre.

Aquí estoy ahora, tirado, pero en completo sosiego. ¿Acaso he conseguido algo?, ¿No he regresado al maldito comienzo?. Talvez todo fue en vano, y mi instinto resulto tan simple como inútil. Algo tiene que ser diferente esta vez, por fuerza, por lógica, por piedad, algo debe ser diferente, de lo contrario, dentro de unas cuantas horas estaré deformando y asesinando otro espíritu, no pienso cambiar de decisión y estrechar una mano suavemente, y en eterno deja vu (a menos que me tope con un tipo con pelotas) pasaré del mar al fango y viceversa. Aunque hay algo que me hace sentir que no comenzó todo aquí, que hubo una vida antes de este lugar cruento e impío, no recuerdo como ni donde nací, ni si alguna vez tuve una infancia, pero se que existen los niños, porque algunos de ellos también están por aquí, o al menos ese es el aspecto que tienen, aunque mi teoría es que son hombres que han evolucionado de manera increíble y se les ha otorgado la fortuna de tener esa apariencia, o talvez es solo ironía, ya que ellos son los únicos que jamás he visto manchados de sangre. Ahora vuelvo a mi pensamiento: no pudo haber sido en vano.
Muy bien, necesito asegurarme, estoy aún aquí, tengo tiempo, la dificultad para respirar esta cediendo, me incorporaré… no puedo, no siento mis piernas, entonces me arrastraré. Está vez la voz no me ha hablado, no importa, seguro se dio cuenta de que es inútil tratar de convencerme, aún tengo muchos problemas que resolver y errores por corregir. Así es mejor.
- Parece que comienzas a extrañarme.
¡Rayos, me he estremecido!, me ha caído de sorpresa.
- ¿Qué quieres esta vez?
- ¿Te ha gustado tu experiencia, qué tan dichoso te sientes después de lo que hiciste?
- Eso no es asunto tuyo, solo te basta con saber que no me siento mal.
- Pues claro que no, si has logrado liberarte después de todo, eso es lo que importaba
- Por fin estamos de acuerdo.
- No has entendido, mira a tu alrededor, mira a esos niños en los que pensabas, no están muy lejos.
- Ni en mis pensamientos estoy salvo. Puedo verlos, ¿Qué hay con ellos?
- De todos, ahí dos que destacan, los de la izquierda, el segundo no importa, pero observa bien al de la orilla, ¿no te hace sentir o pensar en algo en especial? Seguro que te da un escalofrío mirar su rostro.
- Pues… así es, pero no entiendo porque, me siento demasiado ingenuo, ¿qué sucede, y, porque su sonrisa es pura y no enfermiza como la de todos los demás, es decir, los que no son niños?
- Es porqué ellos no pertenecen aquí, son solo recuerdos de todos los que ves caer al fango desmembrados o asfixiados, pero no lo saben; el niño que te mencioné eres tú, pero eres tan distraído que al estar en el lago no miraste tu rostro, si solo hubieras esperado un momento sin derramar sangre, lo hubieras reconocido, pero has sido muy ambicioso. Estás aquí en una etapa, por eso ese niño es especial, al igual que el otro, pero ese no nos interesa, no estás completamente muerto como la mayoría de los de tu alrededor, pero no por eso has dejado de pasar por los mismos castigos, esto no se volverá un deja vu eterno, ahora solo te falta mirar los resultados de tu liberación.
- He mirado a mi alrededor, y todo se ve igual, allá están esos con los ojos en blanco, con fascies de dolor y angustia, y de aquél lado esos que son privados de sus brazos y piernas de manera rápida y cruel, todos los que mueren y reviven para seguir siendo torturados están cómo antes de partir, ¿dónde me falta mirar?... espera… ahora lo sé.

Así que cierro los ojos. Puedo ver, me veo a mi mismo justo donde estoy, tendido en el suelo, pero me estoy arrastrando, me dirijo a un tipo de foso, estoy respirando bien; asomo mi rostro por el foso, todo se ve borroso, es como un abismo, cenizas vuelan y nublan la vista, pero comienzan a disiparse.
Unas figuras se hacen visibles, y allí están: el mismo Cristo colocando sobre la frente de Dios una corona de espinas, y clavando insaciablemente sus manos y pies. Y en otro ángulo, un hombre de cuerpo envidiable y rostro exquisitamente deforme, fornicando con la mujer más hermosa que he visto, tiene una frente hermosa, y una presencia que excita lo más vil de mi espíritu, y al unísono que sus gemidos de placer, se escuchan felices los del octavo coro de espíritus, y allí esta Miguel, Zadquiel, Jehudiel, Zerakiel y una conjunción de arcángeles de varias religiones, cada uno con un cuerpo de un bebe sobre un altar, unos lo queman con una luz que sale de sus manos, otros cortan su cuerpo con una espada, algunos vuelan con él y luego lo dejan caer desde muy alto, pero todos cantan y se ven placenteros, después, vuelvo la mirada hacía fuera del abismo, y allí esta, el infierno, con todos bailando y bebiendo magma como si fuera licor, con rostros que delatan alegría y emoción flagrantes; estoy tan emocionado que mis ojos se humedecen…
- Ya te has dado cuenta – maldición he abierto los ojos al escuchar la voz de nuevo- ahora puedes regresar.


ABRAXAS