viernes, 31 de mayo de 2013

BLUE

BLUE
UN TRABAJO ORIGINAL DE ABRAXAS VZQZ COMO TODO LO PUBLICADO EN ESTE BLOG



 I  

 

Cuando de niño conociste bien al mundo,

El vivir como hombre se vuelve sin sentido.

La sangre que liviana se ha vuelto

Jamás se topará con la barrera de un latido.

 

Esta no es una prosa ni un verso, ni un escrito para cualquier mirada, si te sientes común o especial, o si al leer las primeras 10 líneas de este  loquesea no has sentido que vibras, que comienzas a cambiar de sitio, o si no entiendes nada, mejor pasa a la sig página, del sig libro, de tu siguiente vida, de tu siguiente autor, busca mejor algo de Gibran, o de Hesse, o de Puzó,  o de Jodorowsky, pasarás un mejor momento, sentirás menor dolor de cabeza, te sentirás más pleno, y al terminar de leer, no sentirás que fue una pérdida de tiempo, o por lo menos, no arderán tus entrañas.

 

Te observas en soledad, mirando alrededor con firmeza, con ojos de juez, con aburrimiento y apatía, conociendo el entorno, el medio de las sonrisas y las lágrimas, el porqué de la hipocresía, la vanidad, el enamoramiento, la ilusión y la decepción. Si aprendes a dilucidar de manera indiferente  todos esas cualidades ilusorias que vuelven la existencia común un algo; entonces te vuelves algo así como un sabio estúpido, creyendo comprender y mirar de manera altanera, no porque te sientas superior, sino porque no sabes cómo bajar a ese nivel. Sientes miedo de dar ese paso, ese salto, ese vuelo hacia el abismo. Sé que no es sencillo, que no es solo cuestión de “querer y saltar” o de “querer y volar”; hay que aprender a caer, a flotar, a ignorar, a actuar sin pensar ni reflexionar, o a reflexionar sin pensar. ¡Cuántos no han intentado dar el gran salto a ese abismo de lo común, de la amistad y la compañía, del aislamiento! solo con el fin de disfrutar la soledad,  y al llegar a ese punto, en un parpadeo, ves que fue solo una visión, que estás arriba, en la cima, esperando brincar, creyendo saltar al vacío frente a ti dando pasos hacia atrás.

 

II

 

Y eres juvenil, fuerte y lleno de inocencia,

Cierras tus ojos y la oscuridad te ciega,

Ansías gritar y te duele la belleza

Que dejaste escapar, que tienes, pero que pesa.

 

Buscas el rojo, te gusta, te emociona porque le temes, lo deseas… Es sensual, es inteligente, es verdad, es clemencia, es lástima por ti mismo, es dolor suicida, es malestar intangible pero que quema, ¡es levedad que trasciende!.       

Aquella ves que cortaste tus venas y sobreviviste, o cuando quemaste tus manos y seguiste pintando, ¿fue la ocasión que marcó tu vida? ¿O fue cuando probaste tu primer cigarro o tu primera bebida alcohólica, o tu primer hongo, o tu primer brebaje sagrado, o cuando nació tu niño, o cuando murió tu esposa, o cuando decidiste que querías cambiar? ¿Alguna vez has decidido cambiar y lo has logrado? ¿Ha sido hace más de un año? ¿y entonces, ya eres de nuevo el mismo… o peor… o ya no se puede?... y cuando el dolor deja de ser espiritual y se vuelve físico, ¿se es más cobarde o más fuerte?

El blanco era tuyo, lo fue, lo saboreaste, probaste el sinsabor. Miraste su transparencia, creciste con él, lo consumiste. Miraste los senos que hacen relieve en el color, no te masturbaste, desconocías tal necesidad.

Hoy cuentas las horas que duras sin sonreír, los meses que duras llorando, sin duelo, sin luto, solo porque aprendiste bien a hacerlo,  de practicarlo hasta el cansancio, consciente e inconscientemente. Y hasta el transparente se hizo blanco, tus lágrimas se volvieron pus, y luego se secaron, para no volver.

Y no tiene sentido tocar el negro, porque tendríamos que redondear en el gris, todos son uno, la conjunción, la harmonía, los extremos, la virginidad que se perdió, la vagina de Julieta que se volvió a cocer. Pero eso sería ya tocar el rosa.

 

III

 

La voz del tirano se quedó plasmada en tu escuchar,

La fuerza del viento desgarro tu voluntad a hurtadillas,

Pides piedad rebozando de impiedad,

Y lo haces como los hipócritas, de rodillas.

 

¿Sabes rodar? Solo basta vivir en círculos. En una ocasión vi un círculo muy curioso: Era pequeño, del tamaño del universo. Pero al mirarlo más de cerca, veías luces,  y las luces también te veían, pero sin ojos.  Parecían existir 100 círculos dentro de ese mismo, cada uno flagrante, con una cara diferente, ninguno te juzgaba, todos eran como conocidos de hace 10 o 20 vidas. Giraban en espiral, unos sonreían, y otros tenían rostros más severos, sus cabezas se derretían y sus lenguas brincaban buscándose y enredándose. Abrían su boca, todos hablaban a la vez, eran como silabas separadas que al juntarse me dictaban un poema. Y sin moverme meditaba, y con mi rostro recargado sobre mi pupitre alucinaba. No porque quería, sino porque podía.       

 

Y entonces un grito me despertaba, y sin lograr desenmismarme, me corrían de la clase. Pero no entendía por qué. Y tras salir de ese lugar, me encontraba en la selva, escondido entre las hierbas, esperando no ser encontrado por el mayor caníbal del lugar, pero al mismo tiempo, enfocándome en buscarlo. Y jugando con las hormigas y las tarántulas miraba hacía esos círculos, que me recordaban a la luna, y probaba de los hongos que crecían allí,  y que infestaban a los insectos del lugar.  ¿Alguna vez has probado de esos hongos? Te dejan como infestado de por vida, y quieres volverte insectívoro, y quieres matar por placer… y por necesidad.

 

IV

Me pregunto si: ¿Alguna vez me has visto delirando

O mordiendo mis testículos por tu tentación,

O si por mirarme es que te has ido alejando,

Y me ves desde tu cielo, con gran desilusión?

 

No estás allí, en ese círculo. Das como vueltas a su alrededor, pero al querer penetrarlo con tu vientre, te rechaza, al querer tocarlo con tus senos haces una grieta, te succiona, pero te vuelve a lanzar lejos. En espiral vas y en espiral regresas. En giros encuentras la grieta que abriste y entras por ella; como “desnaciendo”. Adentro sin embargo, no había líquidos, solo ácido y corrosión, y orgias de desmembramiento,  todo a tu alrededor se desintegra y tú… te transformas. Y  te deslizas y gozas de tanto fundir y desleír aún más al prójimo, ya previamente licuefacto, dentro y fuera del espiral.

Al sentirte a ti misma arder, al derretir y desangrar, los gritos y estridores mostraron tus dientes oxidados y obsoletos, sonriendo por el  morbo que no tienes hacia ti misma.

 

V

El ser humano entonces, no dolía,

Era fácil moverse y expresarse.

Mis huesos son ya triste hoja de lata,

Este cuerpo ya no es maravilla.

 

Negro, duele todo el tiempo. Esta lóbrega  e impía ruina  no es alma ni cuerpo, no es momia ni no muerto. Pero se mueve. Lento, no seguro, con miedo. No quiere desaparecer, ni existir sin saber cambiar.

No hay puntos luminosos al final, ni resplandores postmortem  que seguir, solo el ahora y el aquí.  Y no te gusta, no lo quieres, ni el hoy, ni el mañana, mucho menos el ayer que te arrastró con tus decisiones al punto en que te encuentras hoy.

¡Basta ya, Me crucifico!,  ¡necesito renacer! Pero esta oscuro,  hay mil rutas, mil direcciones, ni una sola luz, ni un solo guía, ni un indicio de camino, ¿cómo saber si el siguiente paso no será el de la perdición eterna?... Con tal pregunta en el alma has permanecido parado por años, vidas enteras, sin valor, sin voluntad, expectante, pensando sin parar ¿de qué lado aparecerá la luz en lontananza?

Y a pesar del cansancio de la espera, de no sentir ni un solo miembro por la parálisis eterna, no te mueves, imposible hacerlo cuando ya te encuentras atrofiado.

¡Olvida! ¡NO aparecerá la luz! No la busques, solo arrástrate hasta recuperar tu fuerza, más y más, lejos y más lejos. Libérate de ese demonio al que te entregaste en tu momento de mayor labilidad,  poseído desde el inicio de tu confusión. Pon la mano sobre tu cuello y asfíxiate, hazle creer que has muerto, que ya no sirves, y abandonará tu cuerpo. Cuando sientas y sepas que te dejó, abre los ojos, mira cómo te da la espalda, sentirá tu aliento sobre su nuca y querrá volver desesperadamente a poseerte. En ese instante una onda de amplia energía lo repelerá, y una sonrisa sardónica iluminará tu rostro. Después, al recobrar tu cordura, acumula en tu pecho todo el aire que te pueda henchir, y suéltalo de un golpe: verás al ente difuminarse ante ti, y serás libre, listo para ser poseído por ti mismo.

 

VI

 

Mi piel se abrió para dar paso a mi alma,

Y entre tanto la sangre que brotó del muerto

Cubrió el aura que brilló como un eclipse,

Se apagó la incertidumbre, se iluminó el futuro incierto.

 

El azul es la esperanza, el agua que el amor te brinda, la humedad de tu cuerpo y de tus pensamientos, tu sueño lúcido favorito. ¿Alguna vez has tenido alguno?

Aún no alcanzas a sentir lo que es ser retomado por tu propio espíritu, es normal, es más que humano. Una duda gigantesca te posee ¿no era mejor ese demonio y valía más la pena que mi yo actual? Una pregunta por demás estúpida, pero simple y lógica. La cobardía es el primer razonamiento antes de conocerse a sí mismo, y más cuando se trata de “re-conocerse”. Por algo te abandonaste, te olvidaste de ti mismo, y ahora, repentinamente, solo con un gran suspiro, te atreves a retomarlo. ¡Eso es vivir, eso es voluntad, nunca lo olvides!

Aprovecha ese mareo que estas sintiendo, tómalo justo por su sección aurea, es allí donde está el centro de tu creación y de tú reencarnación. Estrújalo, conviértelo en un punto fijo de realidad instantánea, difumínate con él, elimina la pereza que habla por ti, recupera la ansiedad necesaria para sobrevivir, no para morir, los cadáveres no sienten ansias (o eso dicen los vivos).

Es asqueroso cuando el cielo se torna gris, y el agua al llover cae como lama sobre tu cabeza, fulminándote desde lo alto y creando abscesos sobre tu cráneo, dejando tu cerebro apestoso y tus pensamientos en paradoja como mar del cielo. El moho crece y se alimenta de tus ideas, se vuelve gigante y se expande hurtando tu energía. Tu debilidad llega al punto de la inanición y tus emociones al límite de la anhedonia. No hay mejor resurgimiento que aquel que nace en el vacío. 

 

VII

 

Y al final la basura que atesoras

es el díablo que incendió tus esperazas,

el que te ama y te deshonra con lujuria,

que se disculpa y se conforma en tu ansiedad

 

El Naranja suele ser ignorado por ignorancia, es la mezcla de oro y sangre, de cuerpo y espíritu,  es donde el cielo y la tierra incineran los astros cuyo anhelo de extinguir el planeta sólo ha podido cumplirse parcialmente.

Somos radiados diariamente por un Sol de infinito movimiento y bestial potencia, las quemaduras traspasan carne y hueso, nos alcanzan en otra dimensión y transforman nuestra materia en hirviente tempestad, convirtiéndonos en un Jupiter espiritual de osadía .   Y sintiéndonos dueños de su tempestad dejamos pasar impíos torrentes eternos de infinita ansiedad por nuestro deredor, llenando de un aura de desolación y morados contornos a todo ser viviente que se pavonea de su existencia en si mismo y en su semejante. ¿te sientes morado, verde? entonces eres carne de cañón.  Clásico conjunto de huesos redundantes, flotantes en redundancia de moderada valentía. Eres pezón dador de vida e ilusión,  mixtura de visión y estupidez. inocencia que paso a paso se corrompe, se desgarra, torna divina distorsión de hombre a bestia,  y el morder la dulce carne de una virgen desaliñada transformas tu vértigo en compasión constante e irreverente, gritando piedad por las esquinas de la calle de la esperanza. 

 

VIII

"we're all the same you know, cause we're attracted to the flame"

y hoy que logras conjuntar a tus demonios,

que tus egos, disueltos son en blanco puro,

hoy que las nubes rondan tu futuro

eres espuma efímera de ola venidera.

 

Estás listo, lo eres todo. Tu columna por ves primera conforma un ser creyente y el prisma inerte que rondaba  cual aureola putrefacta sobre tu cráneo se ha decidido ya ha descender, esta vez como corona dadora de riquezas. La nieve helada que circulaba por tus venas es ya hirviente torrente de ansiedad resuelta y creencias de luz por ser vividas. Pero la luz, la luz... se torna transparente, tus ojos miran a través del flagrar eterno, buscando el final de la agonía,  el principio del regocijo.  y al tocar tu piel sientes parestesias por doquier, y tus ojos son por fin  tus ojos, y tus manos finalmente te pertenecen. 

¿y como ser todo sin ser a la vez inexistente?

 

 

Y así como el blanco se oscurece, el trasparente  se hace turbio y el agua mas clara se cubre de odio y rencor, la baba del hedor resbala y se mezcla con la azul pureza de la tristeza. y en un cuento abstracto de terror, amor, lujuria y esperanza todo se ve manifestado en tu presente, oculto en tu pasado e incierto en tu futuro. Resbalas de nuevo al averno por volar sin precaución,  por correr tras falsas ilusiónes y tras sueños  de cochambre y perdición. en tu caída vez deslizarse junto a ti pequeños seres envueltos en tiernas risas y estridentes carcajadas, tiran de tu nariz, tus dedos, tu pene y tu lengua, al tiempo que a acarician y rasguñan tus muslos, con ese dolor exquisito que no puedes controlar, y gritas y ríes con ellos, y lágrimas de lava escurren de tus órbitas. Al mirar hacia abajo existe aún un largo trecho, un infinito descenso hacia a nada, no sabes si esperar a conocer el final del camino o estrellar tu cráneo contra las piedras y ahorrarte el tiempo perdido. Así que decides esta última opción, descansar, abandonar el descenso y reflexionar en silencio eterno...

Pero al abrir de nuevo los ojos te encuentras de nuevo cayendo, las mismas criaturas y el mismo descenso sin final, al inicio decides verle el lado positivo, así que decides devolverles el favor, y tomas uno a uno  esos pequeños con cara de niños perversos y endemoniados, y los muerdes y los rasgas, y las pequeñas risas y estridentes carcajadas no dejan de brotar de tu alma. Pero te aburres luego de 50 años, y vuelves a estrellar tu cráneo con las rocas, pero esta vez te niegas a levantar de nuevo tus párpados...

pero en esa oscuridad sientes repentinamente el aire correr más rápido,  y escuchas las pequeñas risas y estertoreas carcajadas, y dolor en todo el cuerpo y rasguños en la espalda, pero durante 16 años te niegas a abrir los ojos, hasta que... una de las risas cambia su tono y frecuencia, y aunque te resistes , algo como instinto aún humano brota de ti; tus ojos se abren sin remedio.

 

Han bastado 66 años para mirar hacia el fondo del precipicio, pero no es nada como lo que pensabas, no hay más fuego ni criaturas.  Dilucidas un planeta inmenso hecho de espíritus y energía flotante, con tonos azules y amarillos que establecen un contorno regular en continuo movimiento. En tu descenso el ruido se va desvaneciendo hasta llegar al total silencio

Durante 66 años  olvidaste  tu forma, tu único recordatorio de ti mismo  eran la sensacion de las uñas  y los dientes ajenos, y ensordeciste ante las incesantes risas.

Al fin, el silencio es bendito e inaudito, y la luz no arde más en tu retina. Tus labios resecos se abren muy lentamente, duele, pero da gusto,  y de tu corazón nace una frase dirigida hacia ti mismo: “te amo”.

 

El planeta espiritual esta a unos metros de ti, cada vez más grande se mira,  pero tú no te haces más pequeño, te dejas atraer con clara calma,  hasta que te mezclas, te difuminas en él. Y al ir entrando eres negro, gris, azul, rojo, rosa, verde, dorado, naranja,  blanco… y al final, eres todo y eres nada, estas y te has ido, eres eterno y jamas  exististe.  Tu conciencia se esconde, eres felicidad, o cualquier palabra que se utilice en ese mundo para describir el máximo nivel de dicha que un alma pueda alcanzar, porque en ese lugar donde las palabras son inútiles,  las descripciones estereotipos y el entendimiento necedad; tus sensaciones ahora son la más hermosa experiencia alguna vez vivida por aquello que transita  más allá del universo.