BLUE
UN TRABAJO ORIGINAL DE ABRAXAS VZQZ COMO TODO LO PUBLICADO EN ESTE BLOG
I
Cuando de niño
conociste bien al mundo,
El vivir como hombre
se vuelve sin sentido.
La sangre que liviana
se ha vuelto
Jamás se topará con
la barrera de un latido.
Esta no es una prosa
ni un verso, ni un escrito para cualquier mirada, si te sientes común o
especial, o si al leer las primeras 10 líneas de este loquesea no has
sentido que vibras, que comienzas a cambiar de sitio, o si no entiendes nada,
mejor pasa a la sig página, del sig libro, de tu siguiente vida, de tu
siguiente autor, busca mejor algo de Gibran, o de Hesse, o de Puzó, o de
Jodorowsky, pasarás un mejor momento, sentirás menor dolor de cabeza, te
sentirás más pleno, y al terminar de leer, no sentirás que fue una pérdida de
tiempo, o por lo menos, no arderán tus entrañas.
Te observas en soledad, mirando alrededor con firmeza, con
ojos de juez, con aburrimiento y apatía, conociendo el entorno, el medio de las
sonrisas y las lágrimas, el porqué de la hipocresía, la vanidad, el
enamoramiento, la ilusión y la decepción. Si aprendes a dilucidar de manera indiferente todos esas
cualidades ilusorias que vuelven la existencia común un algo; entonces te
vuelves algo así como un sabio estúpido, creyendo comprender y mirar de manera
altanera, no porque te sientas superior, sino porque no sabes cómo bajar a ese
nivel. Sientes miedo
de dar ese paso, ese salto, ese vuelo hacia el abismo. Sé que no es sencillo,
que no es solo cuestión de “querer y saltar” o de “querer y volar”; hay que
aprender a caer, a flotar, a ignorar, a actuar sin pensar ni reflexionar, o a
reflexionar sin pensar. ¡Cuántos no han intentado dar el gran salto a ese
abismo de lo común, de la amistad y la compañía, del aislamiento! solo con el fin de disfrutar la
soledad, y al llegar a ese punto, en un parpadeo, ves que fue solo una
visión, que estás arriba, en la cima, esperando brincar, creyendo saltar al
vacío frente a ti dando pasos hacia atrás.
II
Y eres juvenil,
fuerte y lleno de inocencia,
Cierras tus ojos y la
oscuridad te ciega,
Ansías gritar y te
duele la belleza
Que dejaste escapar,
que tienes, pero que pesa.
Buscas el rojo, te
gusta, te emociona porque le temes, lo deseas… Es sensual, es inteligente, es
verdad, es clemencia, es lástima por ti mismo, es dolor suicida, es malestar
intangible pero que quema, ¡es levedad que
trasciende!.
Aquella ves que
cortaste tus venas y sobreviviste, o cuando quemaste tus manos y seguiste
pintando, ¿fue la ocasión que marcó tu vida? ¿O fue cuando probaste tu primer
cigarro o tu primera bebida alcohólica, o tu primer hongo, o tu primer brebaje
sagrado, o cuando nació tu niño, o cuando murió tu esposa, o cuando decidiste
que querías cambiar? ¿Alguna vez has decidido cambiar y lo has logrado? ¿Ha
sido hace más de un año? ¿y entonces, ya eres de nuevo el mismo… o peor… o ya
no se puede?... y cuando el dolor deja de ser espiritual y se vuelve físico,
¿se es más cobarde o más fuerte?
El blanco era tuyo,
lo fue, lo saboreaste, probaste el sinsabor. Miraste su transparencia, creciste
con él, lo consumiste. Miraste los senos que hacen relieve en el color, no te
masturbaste, desconocías tal necesidad.
Hoy cuentas las horas
que duras sin sonreír, los meses que duras llorando, sin duelo, sin luto, solo
porque aprendiste bien a hacerlo, de practicarlo hasta el cansancio,
consciente e inconscientemente. Y hasta el transparente se hizo blanco, tus
lágrimas se volvieron pus, y luego se secaron, para no volver.
Y no tiene sentido
tocar el negro, porque tendríamos que redondear en el gris, todos son uno, la
conjunción, la harmonía, los extremos, la virginidad que se perdió, la vagina
de Julieta que se volvió a cocer. Pero eso sería ya tocar el rosa.
III
La voz del tirano se
quedó plasmada en tu escuchar,
La fuerza del viento
desgarro tu voluntad a hurtadillas,
Pides piedad
rebozando de impiedad,
Y lo haces como los
hipócritas, de rodillas.
¿Sabes rodar? Solo
basta vivir en círculos. En una ocasión vi un círculo muy curioso: Era
pequeño, del tamaño del universo. Pero al mirarlo más de cerca, veías
luces, y las luces también te veían, pero sin ojos. Parecían
existir 100 círculos dentro de ese mismo, cada uno flagrante, con una cara
diferente, ninguno te juzgaba, todos eran como conocidos de hace 10 o 20 vidas.
Giraban en espiral, unos sonreían, y otros tenían rostros más severos, sus
cabezas se derretían y sus lenguas brincaban buscándose y enredándose. Abrían
su boca, todos hablaban a la vez, eran como silabas separadas que al juntarse
me dictaban un poema. Y sin moverme meditaba, y con mi rostro recargado sobre
mi pupitre alucinaba. No porque quería, sino porque podía.
Y entonces un grito
me despertaba, y sin lograr desenmismarme, me corrían de la clase. Pero no
entendía por qué. Y tras salir de ese lugar, me encontraba en la selva,
escondido entre las hierbas, esperando no ser encontrado por el mayor caníbal
del lugar, pero al mismo tiempo, enfocándome en buscarlo. Y jugando con las
hormigas y las tarántulas miraba hacía esos círculos, que me recordaban a la
luna, y probaba de los hongos que crecían allí, y que infestaban a los
insectos del lugar. ¿Alguna vez has probado de esos hongos? Te dejan como
infestado de por vida, y quieres volverte insectívoro, y quieres matar por
placer… y por necesidad.
IV
Me pregunto si: ¿Alguna
vez me has visto delirando
O mordiendo mis
testículos por tu tentación,
O si por mirarme es
que te has ido alejando,
Y me ves desde tu
cielo, con gran desilusión?
No estás allí, en ese
círculo. Das como vueltas a su alrededor, pero al querer penetrarlo con tu
vientre, te rechaza, al querer tocarlo con tus senos haces una grieta, te
succiona, pero te vuelve a lanzar lejos. En espiral vas y en espiral regresas.
En giros encuentras la grieta que abriste y entras por ella; como
“desnaciendo”. Adentro sin embargo, no había líquidos, solo ácido y corrosión,
y orgias de desmembramiento, todo a tu
alrededor se desintegra y tú… te transformas. Y
te deslizas y gozas de tanto fundir y desleír aún más al prójimo, ya
previamente licuefacto, dentro y fuera del espiral.
Al sentirte a ti
misma arder, al derretir y desangrar, los gritos y estridores mostraron tus
dientes oxidados y obsoletos, sonriendo por el
morbo que no tienes hacia ti misma.
V
El ser humano
entonces, no dolía,
Era fácil moverse y
expresarse.
Mis huesos son ya
triste hoja de lata,
Este cuerpo ya no es
maravilla.
Negro, duele todo el
tiempo. Esta lóbrega e impía ruina no es alma ni cuerpo, no es momia ni no
muerto. Pero se mueve. Lento, no seguro, con miedo. No quiere desaparecer, ni
existir sin saber cambiar.
No hay puntos
luminosos al final, ni resplandores postmortem
que seguir, solo el ahora y el aquí.
Y no te gusta, no lo quieres, ni el hoy, ni el mañana, mucho menos el
ayer que te arrastró con tus decisiones al punto en que te encuentras hoy.
¡Basta ya, Me
crucifico!, ¡necesito renacer! Pero esta
oscuro, hay mil rutas, mil direcciones,
ni una sola luz, ni un solo guía, ni un indicio de camino, ¿cómo saber si el
siguiente paso no será el de la perdición eterna?... Con tal pregunta en el
alma has permanecido parado por años, vidas enteras, sin valor, sin voluntad,
expectante, pensando sin parar ¿de qué lado aparecerá la luz en lontananza?
Y a pesar del
cansancio de la espera, de no sentir ni un solo miembro por la parálisis
eterna, no te mueves, imposible hacerlo cuando ya te encuentras atrofiado.
¡Olvida! ¡NO
aparecerá la luz! No la busques, solo arrástrate hasta recuperar tu fuerza, más
y más, lejos y más lejos. Libérate de ese demonio al que te entregaste en tu
momento de mayor labilidad, poseído
desde el inicio de tu confusión. Pon la mano sobre tu cuello y asfíxiate, hazle
creer que has muerto, que ya no sirves, y abandonará tu cuerpo. Cuando sientas
y sepas que te dejó, abre los ojos, mira cómo te da la espalda, sentirá tu
aliento sobre su nuca y querrá volver desesperadamente a poseerte. En ese instante
una onda de amplia energía lo repelerá, y una sonrisa sardónica iluminará tu
rostro. Después, al recobrar tu cordura, acumula en tu pecho todo el aire que
te pueda henchir, y suéltalo de un golpe: verás al ente difuminarse ante ti, y
serás libre, listo para ser poseído por ti mismo.
VI
Mi piel se abrió para
dar paso a mi alma,
Y entre tanto la
sangre que brotó del muerto
Cubrió el aura que
brilló como un eclipse,
Se apagó la
incertidumbre, se iluminó el futuro incierto.
El azul es la
esperanza, el agua que el amor te brinda, la humedad de tu cuerpo y de tus
pensamientos, tu sueño lúcido favorito. ¿Alguna vez has tenido alguno?
Aún no alcanzas a
sentir lo que es ser retomado por tu propio espíritu, es normal, es más que
humano. Una duda gigantesca te posee ¿no era mejor ese demonio y valía más la
pena que mi yo actual? Una pregunta por demás estúpida, pero simple y lógica.
La cobardía es el primer razonamiento antes de conocerse a sí mismo, y más
cuando se trata de “re-conocerse”. Por algo te abandonaste, te olvidaste de ti
mismo, y ahora, repentinamente, solo con un gran suspiro, te atreves a
retomarlo. ¡Eso es vivir, eso es voluntad, nunca lo olvides!
Aprovecha ese mareo
que estas sintiendo, tómalo justo por su sección aurea, es allí donde está el
centro de tu creación y de tú reencarnación. Estrújalo, conviértelo en un punto
fijo de realidad instantánea, difumínate con él, elimina la pereza que habla
por ti, recupera la ansiedad necesaria para sobrevivir, no para morir, los
cadáveres no sienten ansias (o eso dicen los vivos).
Es asqueroso cuando
el cielo se torna gris, y el agua al llover cae como lama sobre tu cabeza,
fulminándote desde lo alto y creando abscesos sobre tu cráneo, dejando tu
cerebro apestoso y tus pensamientos en paradoja como mar del cielo. El moho crece y se
alimenta de tus ideas, se vuelve gigante y se expande hurtando tu energía. Tu
debilidad llega al punto de la inanición y tus emociones al límite de la
anhedonia. No hay mejor resurgimiento que aquel que nace en el vacío.
VII
Y al final la basura
que atesoras
es el díablo que
incendió tus esperazas,
el que te ama y te
deshonra con lujuria,
que se disculpa y se
conforma en tu ansiedad
El Naranja suele ser
ignorado por ignorancia, es la mezcla de oro y sangre, de cuerpo y espíritu, es donde el cielo y la tierra incineran los
astros cuyo anhelo de extinguir el planeta sólo ha podido cumplirse
parcialmente.
Somos radiados
diariamente por un Sol de infinito movimiento y bestial potencia, las
quemaduras traspasan carne y hueso, nos alcanzan en otra dimensión y
transforman nuestra materia en hirviente tempestad, convirtiéndonos en un
Jupiter espiritual de osadía . Y
sintiéndonos dueños de su tempestad dejamos pasar impíos torrentes eternos de
infinita ansiedad por nuestro deredor, llenando de un aura de desolación y
morados contornos a todo ser viviente que se pavonea de su existencia en si
mismo y en su semejante. ¿te sientes morado, verde? entonces eres carne de
cañón. Clásico conjunto de huesos
redundantes, flotantes en redundancia de moderada valentía. Eres pezón dador de
vida e ilusión, mixtura de visión y
estupidez. inocencia que paso a paso se corrompe, se desgarra, torna divina
distorsión de hombre a bestia, y el
morder la dulce carne de una virgen desaliñada transformas tu vértigo en
compasión constante e irreverente, gritando piedad por las esquinas de la calle
de la esperanza.
VIII
"we're all the
same you know, cause we're attracted to the flame"
y hoy que logras
conjuntar a tus demonios,
que tus egos, disueltos son en blanco puro,
hoy que las nubes
rondan tu futuro
eres espuma efímera
de ola venidera.
Estás listo, lo eres
todo. Tu columna por ves primera conforma un ser creyente y el prisma inerte
que rondaba cual aureola putrefacta
sobre tu cráneo se ha decidido ya ha descender, esta vez como corona dadora de
riquezas. La nieve helada que circulaba por tus venas es ya hirviente torrente
de ansiedad resuelta y creencias de luz por ser vividas. Pero la luz, la luz...
se torna transparente, tus ojos miran a través del flagrar eterno, buscando el
final de la agonía, el principio del
regocijo. y al tocar tu piel sientes
parestesias por doquier, y tus ojos son por fin
tus ojos, y tus manos finalmente te pertenecen.
¿y como ser todo sin
ser a la vez inexistente?
Y así como el blanco
se oscurece, el trasparente se hace
turbio y el agua mas clara se cubre de odio y rencor, la baba del hedor resbala
y se mezcla con la azul pureza de la tristeza. y en un cuento abstracto de terror,
amor, lujuria y esperanza todo se ve manifestado en tu presente, oculto en tu
pasado e incierto en tu futuro. Resbalas de nuevo al averno por volar sin
precaución, por correr tras falsas
ilusiónes y tras sueños de cochambre y
perdición. en tu caída vez deslizarse junto a ti pequeños seres envueltos en
tiernas risas y estridentes carcajadas, tiran de tu nariz, tus dedos, tu pene y
tu lengua, al tiempo que a acarician y rasguñan tus muslos, con ese dolor
exquisito que no puedes controlar, y gritas y ríes con ellos, y lágrimas de
lava escurren de tus órbitas. Al mirar hacia abajo existe aún un largo trecho,
un infinito descenso hacia a nada, no sabes si esperar a conocer el
final del camino o estrellar tu cráneo contra las piedras y ahorrarte el tiempo
perdido. Así que decides esta última opción, descansar, abandonar el descenso y
reflexionar en silencio eterno...
Pero al abrir de
nuevo los ojos te encuentras de nuevo cayendo, las mismas criaturas y el mismo
descenso sin final, al inicio decides verle el lado positivo, así que decides
devolverles el favor, y tomas uno a uno
esos pequeños con cara de niños perversos y endemoniados, y los muerdes
y los rasgas, y
las pequeñas risas y estridentes carcajadas no dejan de brotar de tu alma. Pero
te aburres luego de 50 años, y vuelves a estrellar tu cráneo con las rocas,
pero esta vez te niegas a levantar de nuevo tus párpados...
pero en esa oscuridad
sientes repentinamente el aire correr más rápido, y escuchas las pequeñas risas y estertoreas carcajadas, y dolor
en todo el cuerpo y rasguños en la espalda, pero durante 16 años te niegas a
abrir los ojos, hasta que... una de las risas cambia su tono y frecuencia, y
aunque te resistes , algo como instinto aún humano brota de ti; tus ojos se
abren sin remedio.
Han bastado 66 años
para mirar hacia el fondo del precipicio, pero no es nada como lo que pensabas,
no hay más fuego ni criaturas. Dilucidas un planeta inmenso
hecho de espíritus y energía flotante, con tonos azules y amarillos que
establecen un contorno regular en continuo movimiento. En tu descenso el ruido
se va desvaneciendo hasta llegar al total silencio…
Durante 66 años olvidaste tu forma, tu único recordatorio de ti
mismo eran la sensacion de las uñas y los dientes ajenos, y ensordeciste ante las
incesantes risas.
Al fin, el silencio es bendito e inaudito, y la luz no arde más en tu
retina. Tus labios resecos se abren muy lentamente, duele, pero da gusto, y de tu corazón nace una frase dirigida hacia
ti mismo: “te amo”.
El planeta espiritual esta a unos metros de ti, cada vez más grande se
mira, pero tú no te haces más pequeño,
te dejas atraer con clara calma, hasta
que te mezclas, te difuminas en él. Y al ir entrando eres negro, gris, azul,
rojo, rosa, verde, dorado, naranja,
blanco… y al final, eres todo y eres nada, estas y te has ido, eres
eterno y jamas exististe. Tu conciencia se esconde, eres felicidad, o
cualquier palabra que se utilice en ese mundo para describir el máximo nivel de
dicha que un alma pueda alcanzar, porque en ese lugar donde las palabras son
inútiles, las descripciones estereotipos
y el entendimiento necedad; tus sensaciones ahora son la más hermosa
experiencia alguna vez vivida por aquello que transita más allá del universo.
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